El Caribe insular constituye la subregión de mayor diversidad política, económica y cultural dentro del hemisferio occidental, distinguiéndose, de acuerdo al legado colonial europeo, cuatro grupos principales: Español, Inglés, Francés y Holandés.

La promoción de la integración entre las islas del Caribe como mecanismo para fomentar el crecimiento económico y la relevancia política de la región en el contexto internacional, siempre ha sido un tema de trascendencia en la agenda de pensadores, intelectuales y líderes políticos regionales.

Sin embargo, ha sido precisamente la herencia de la fragmentación histórico-cultural, así como las diversas configuraciones de ordenamiento político derivadas de ella, los elementos que más han condicionado la idea de la integración regional entre las islas del Caribe. En este orden, en el Caribe hispano parlante tenemos antecedentes que se remontan hacia finales del siglo XIX, con la idea de la Confederación Antillana del patriota puertorriqueño Ramón Emeterio Betances. Por su parte, el Caribe anglófono conforma la iniciativa regional más significativa a la fecha, la Comunidad del Caribe (CARICOM) la cual está en vigencia desde 1973 pero con antecedentes que igualmente datan de finales del siglo XIX. También se puede mencionar la desaparecida Federación de las Antillas Holandesas como esquema de integración administrativa colonial que quedó disuelta en el 2010.

Como se puede ver, las diferentes iniciativas integracionistas se han caracterizado en gran medida por ser excluyentes y tener una limitada cobertura regional en términos de los países y territorios participantes. No se ha podido incorporar las diversas configuraciones políticas y culturales de los territorios insulares caribeños en un proyecto sub-regional de integración económica incluyente que permita combinar y armonizar de manera efectiva las potencialidades de dichos territorios para procurar una mejor inserción en un contexto internacional cambiante y cada vez más desafiante. En consecuencia, la realidad Caribeña generalmente se ha percibido más por ser un complejo mosaico de intereses particulares excluyentes y que compiten entre sí, que por ser una región con vocación para definir propósitos y objetivos comunes.

No obstante, aparte del evidente espacio y configuración geográfica en el Caribe también se conjugan una serie de características y problemas comunes entre los países y territorios insulares que lo componen, los cuales justifican y hacen necesaria la conformación de una agenda con visión de conjunto que vaya más allá de los enfoques segmentados tradicionales. Como complemento de lo anterior, en años recientes, la evolución del contexto internacional combinada con la introducción de cambios en la dinámica interna en los distintos grupos insulares caribeños, ha venido propiciando de manera lenta pero sostenida, una serie de modificaciones en el escenario caribeño, que abren la posibilidad de avanzar en nuevas formas de vinculación entre los bloques, países y territorios que componen la región, permitiendo trascender el secular divisionismo que ha prevalecido entre ellos.

Este seminario cuenta con el apoyo de la Unión Europea, El Reino de los Países Bajos, DIGECOOM y el Banco Popular. 

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